jueves, 1 de abril de 2010

PREGUNTA Nro. 165 NATURALEZA DEL MITO ¿Considera usted que los antiguos mitos tengan valor real, o son sólo ficciones de la imaginación?

PREGUNTA Nro. 165

NATURALEZA DEL MITO

¿Considera usted que los antiguos mitos tengan valor real, o son sólo ficciones de la
imaginación?

Respuesta: Los mitos contienen profundas verdades ocultas. La lucha entre la luz y las
tinieblas se describe en innumerables mitos que son semejantes en cuanto a los principales
detalles, aunque las circunstancias varían de acuerdo con el grado evolutivo del pueblo entre
el cual los encontramos. Generalmente parecen fantásticos a la mente normal a causa de que la
imagen representada es altamente simbólica, y por lo tanto fuera de tono con las realidades
concretas del mundo material. Sin embargo, incorporadas en estas leyendas, están las grandes
verdades que aparecen cuando son despojados de su costra de materialismo.
En primer lugar debe tenerse presente que la batalla entre la luz y la oscuridad tal como es
peleada aquí en el mundo físico, no es sino la manifestación de una lucha semejante entablada
también en los reinos, moral, mental y espiritual. Esta es una verdad fundamental, y aquel que
desee conocer la verdad debe comprender que el mundo concreto, con todas las cosas que
ahora pensamos que son tan reales, sólidas y durables, no es sino una evanescente
manifestación creada por la Mente Divina y se disolverá en polvo millones de años antes de
que los otros mundos, los cuales pensamos que son irreales e intangibles, se hayan disuelto de
modo parecido y retornemos una vez más al seno del Padre, para descansar hasta la aurora de
otro y más grande Día Cósmico.
Es particularmente en Navidad,(el autor se refiere al hemisferio norte) cuando la luz es débil y
la noche larga, que la humanidad dirige su atención al Sol austral, y aguarda en actitud de
expectación el momento en el que de nuevo comience su viaje hacia el norte para devolver la
luz y la vida a nuestro helado hemisferio. En la Biblia leemos que Sansón, el Sol, se hizo más
fuerte mientras sus cabellos o rayos crecían y sé alargaban; como los poderes de las tinieblas,
los Filisteos, averiguaron el secreto de su fuerza, y le hicieron cortar sus cabellos, o rayos,
para robarle su fortaleza; cómo le privaron de su luz sacándole los ojos y finalmente le mostraron
en el templo del Solsticio Invernal.
Los anglosajones hablan de la victoria del Rey Jorge sobre el dragón; los teutones recuerdan
cómo Beoulgo mató al dragón y cómo Sigfrido conquistó al dragón Falner. Entre los griegos
encontramos a Apolo victorioso sobre la serpiente Pytón, y a Hércules sobre el dragón de los
Hespérides. La mayoría de los mitos dicen únicamente la victoria del Sol recién nacido, pero
hay otros que, como la historia de Sansón que acabamos de citar, y la de Hiram Abiff de la
leyenda masónica, hablan también de cómo el Sol del año viejo fue vencido después de haber
completado su círculo, y estuvo preparado para generar un nuevo Sol, que se levanta de las
cenizas del antiguo Fénix para convertirse en el Portador de luz del año nuevo.
Es en esta clase de mito donde aprendemos el origen del muérdago, leyenda que se cuenta en
Escandinavia y en Islandia, particularmente por Navidad, que es cuando el rojo acebo se
mezcla para efectos decorativos con el - blanco muérdago -símbolo vago de la sangre que era
escarlata por el pecado pero que se ha hecho como la nieve-. La historia dice así:
En los antiguos días en que los Dioses del Olimpo reinaban- sobre las tierras del Sur, Wotan
en compañía de sus dioses dominaba en el Walhala donde los carámbanos reflejaban el Sol de
invierno con todos los tintes del arco iris y el bello manto de nieve hacia brillar la noche más
oscura sin la ayuda de la flamante aurora boreal. Eran una maravillosa compañía; Tyr, el Dios
de la Guerra, todavía vive en nuestra memoria, y por él un día de la semana se llama Tuesday
(Martes). Wotan, el más sabio entre ellos, es recordado en Wednesday (Miércoles); Thor
todavía está con nosotros como el Dios de Thursday (Jueves). El era el que hacía oscilar el
martillo. Cuando lanzaba su martillo en pos de los gigantes, los enemigos de Dios y del
hombre, producía el trueno y el relámpago por la fuerza terrifica con la cual su martillo hería
las nubes. La gentil Freya, diosa de la belleza, por la cual hemos llamado Friday (Viernes) a
un día de la semana, y el traidor Loke, cuyo nombre vive en el Saturday escandinavo, son
otros fragmentos presentes de una fe olvidada.
Pero no había ninguno como Baldur. Era el segundo hijo de Odín y de Freya. Era el más noble
y el más gentil de los dioses, amado por toda la Naturaleza. Sobresalía entre todos los seres,
no sólo en mansedumbre, sino en prudencia y elocuencia, también, y era tan hermoso y
gracioso que irradiaba de él luz. En un sueño le fue revelado que su vida estaba en peligro, y
esto pesaba tanto sobre su Espíritu que se apartó de la compañía de los dioses. Su madre,
Freya, habiéndole persuadido finalmente a decir la causa de su melancolía, llamó a los dioses
a concilio, y todos se llenaron de tristes presentimientos, porque sabían que la muerte de
Baldur sería el presagio de su caída, la primera victoria de los gigantes, o poderes de las
tinieblas.
Por lo tanto, Wotan echó las runas, o caracteres mágicos que eran usados para predecir el
futuro, pero todo aparecía sombrío para él. No pudo obtener percepción interior. El “Vaso de
la Sabiduría”, que les pudo haber servido en su necesidad, estaba a custodia de una de las
Normas, las diosas del Hado, de modo que no les podía ayudar ahora. Ydun, la diosa de la
salud, había sido entregada a poder de los gigantes por la astucia de Loke, el espíritu del mal,
pero fue enviada una delegación a ella, con el fin de que fuese consultada sobre la naturaleza
de la enfermedad que amenazaba a Baldur, si fuese tal. Sin embargo, ella contestó únicamente
con lágrimas, y finalmente después de un solemne concilio de todos los dioses, fue acordado
que todos los elementos, y todo ser de la naturaleza debía ser atado por medio de un juramento
de no hacer daño al gentil dios. Esto se hizo y se obtuvo una promesa de todos los seres,
excepto de una insignificante planta que crecía al oeste del Palacio de los dioses; pues parecía
tan endeble y frágil que los dioses la creyeron inofensiva.
Sin embargo, la mente de Wotan todavía le hacia dudar de que todo estuviese correcto. Le
parecía que las Normas de la buena fortuna habían huido. Por consiguiente resolvió visitar la
casa de una célebre profetisa de nombre Vala. Este es el Espíritu de la tierra, y por ella supo el
destino que estaba reservado a los dioses, pero no recibió consuelo de ella y retornó al
Walhala más abatido que antes.
Loke, el espíritu del mal, y de la traición, era en realidad uno de los gigantes, o poderes de las
tinieblas, pero parte del tiempo vivía con los dioses. Era un desertor, en quien no podía
confiar, ninguno de los partidos, y por eso se desconfiaba de él, y era despreciado tanto por los
dioses como por los gigantes.
Un día en que estaba sentado lamentándose de su destino, una densa nube comenzó a
levantarse del océano, y después de un tiempo tomó la negra figura del Rey de los Gigantes.
Loke, con algún terror le preguntó qué le había traído hasta allí. El monarca comenzó a
reprocharle el despreciable papel que él, siendo un demonio por nacimiento, estaba jugando al
consentir ser el instrumento de los dioses en su guerra contra los gigantes, a quienes debía su
origen. No fue por razón de afecto, que fue admitido a la sociedad de los dioses, sino porque
Wotan sabía la ruina que él y su linaje estaban destinados a traerles y creyó diferir el terrible
día propiciándoselo de esta manera. ~l, que por su poder y su astucia pudo haber sido un jefe
en cualquiera de los dos partidos, era ahora despreciado y rechazado por todos. El Rey de los
Gigantes le reprochó más todavía por haber ya frecuentemente salvado a los dioses de la ruina
y aun suministrándoles armas contra los gigantes, y terminó apelando al odio que se
encontraba en su pecho contra Wotan y toda su raza como prueba de que su sitio natural
estaba con los gigantes.
Loke reconoció la verdad de esto y prometió su disposición para ayudar a sus hermanos por
todos los medios a su alcance. El Rey de los Gigantes entonces le dijo que el momento había
llegado ya de que él pudiese sellar el destino de los dioses; que si Baldur era muerto la
destrucción de los dioses debía venir tarde o temprano y que el gentil Dios de la vida estaba en
ese momento amenazado por algún peligro no descubierto todavía. Loke replicó que la
ansiedad de los dioses había llegado a un fin, porque Freya había ligado a todas las cosas de la
naturaleza por medio de un juramento de no dañar a su hijo. El sombrío monarca dijo que
únicamente una cosa había sido omitida. Sin embargo lo que era esa cosa permanecía oculto
en el pecho de la diosa y nadie más lo conocía. Luego se sumergió de nuevo en su negro
abismo dejando a Loke entregado a sus todavía más negros pensamientos.
Loke entonces, habiendo adoptado la forma de una vieja, apareció a Freya y por medio de su
astucia sacó a la diosa el fatal secreto; que confiándose en la insignificante naturaleza del
muérdago había omitido tomar a éste la promesa con la cual había ligado a todos los demás
seres. Loke no perdió tiempo y se dirigió al lugar donde crecía el muérdago, y arrancándolo de
raíz lo dio a los enanos, quienes eran forjadores, para que hiciesen con él una flecha. Esta
arma fue hecha con muchos encantamientos y cuando la flecha estuvo terminada uno pidió
sangre para templarla. Un niño inmaculado fue traído, y el enano hundió la flecha en su pecho
y cantó:

"The death-gasp hear,
Ho! Ho! -now'tis o'er-
Soon hardens the spear
In the babe's pure gore-
Now the barbed head feel,
Whilst the veins yet bleed,
Such a deed -such a deed-
Might harden e'en steel.

(Oye el estertor de la muerte
Ja! ja! -Ya se acabó-
Pronto se templa la flecha
En la sangre pura del niño-
Ya la barbada cabeza siente
Cómo las venas sangran todavía,
Tal proeza -tal proeza-
Puede templar hasta el mismo acero.

Mientras tanto los dioses y los valientes muertos que están con ellos reunidos para un torneo,
con el fin de convencer a Baldur de cuán infundadas eran sus aprehensiones, ahora que su vida
se consideraba asegurada por medio del encanto, le hacían el blanco de todas sus armas.
Loké también sé dirigió hacia allí con la flecha fatal y viendo al ciego y fuerte Dios Hoedur
apartado del resto, le preguntó por qué no honraba a su hermano Baldur participando también
en el juego. Hoedur se excusó a causa de su ceguera y porque no tenía arma. Entonces Loke
puso la flecha encantada en sus manos y Hoedur, no sospechando la mala intención, traspasó
el pecho de Baldur con la flecha de muérdago; de modo que cayó sin vida al suelo con el
indecible pesar de todas las criaturas.
Baldur es él Sol del verano, amado por todo ser de la naturaleza, y en el dios ciego Hoedur,
que le mata con la flecha, podemos reconocer fácilmente al signo de Sagitario, porque cuando
el Sol entra en dicho signo en diciembre está casi sin luz y por consiguiente se dice que es
muerto por el dios Hoedur. El arco de Sagitario, tal como es representado en el zodíaco del
sur, muestra simbólicamente la misma idea de la flecha en la historia narrada en los Eddas.
La leyenda de la muerte de Baldur enseña la misma verdad cósmica que todos los otros mitos
de naturaleza semejante, a saber, que el Espíritu del Sol debe morir para la gloria del Universo
cuando, en su papel de Cristo (ungido), entra en la tierra para traer a ella una vida nueva, sin la
cual cesarían todas las manifestaciones físicas sobre nuestro planeta. Así como la muerte
precede a un nacimiento en los reinos espirituales, así también hay una muerte en el plano
espiritual de la existencia antes de que pueda tener lugar un nacimiento en el cuerpo físico.
Así como Osiris, en Egipto, es muerto por Tifón, antes de que pueda nacer Horus, el Sol del
Año Nuevo, así también Cristo debe morir para el mundo superior antes de poder nacer en la
tierra y traernos el necesario impulso espiritual anual; pero nuestra Estación Santa no
conmemora una manifestación más grande de Amor que la simbolizada por el muérdago.
Siendo físicamente el colmo de la debilidad, se adhiere a la encina, que es símbolo de
fortaleza. Es la misma debilidad del más débil de los seres la que atraviesa el corazón del más
noble y gentil de los dioses, de modo que, compelido por su amor a los humildes, desciende a
las sombras del mundo inferior, así como Cristo, por amor a nosotros, muere en el mundo
espiritual cada año y nace en nuestro planeta para que El pueda saturarlo de nuevo con Su
Vida y Energía radiantes.

***

del libro "Preguntas y Respuestas" Tomo Segundo, de Max Heindel

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