miércoles, 7 de abril de 2010

PREGUNTA Nro. 59 VISITANTES CELESTES ¿Por qué es que los clarividentes dan ideas y puntos de vista tan diferentes de lo que ven en el mundo invisibl

PREGUNTA Nro. 59

VISITANTES CELESTES

¿Por qué es que los clarividentes dan ideas y puntos de vista tan diferentes de lo que ven en el
mundo invisible, a tal punto que es imposible reconciliar sus narraciones?


Respuesta: Esta pregunta ha sido ampliamente explicada en el Concepto Rosacruz del
Cosmos. Eso depende en una extensión considerable del hecho de que en el mundo invisible
las formas son tan plásticas que pueden cambiar su figura en un abrir y cerrar de ojos, dando
así al vidente no ejercitado una idea enteramente falsa. De aquí que el entrenamiento sea absolutamente
necesario para la observación tanto allá como aquí, pero usted está errado en cuanto
a la idea de que todos difieren. Existe un número considerable de personas que han desarrollado
la visión espiritual, o tal vez la han adquirido involuntariamente, pero que sin
embargo ven las cosas de modo parecido, y de esta manera corroboran las afirmaciones de
otros. Tenemos, por ejemplo, ante nosotros la edición revisada de un libro escrito por una
enfermera de hospital que había estado presente en muchas agonías y en su libro dice haber
observado la misma cosa que nosotros hemos escrito en nuestros varios libros durante los
últimos diez años. El libro se llama “El Ministerio de los Ángeles” (The Ministry of Angels),
término que la autora aplica no solamente a la gran Jerarquía que está inmediatamente por
encima de la humanidad, según el término usado en el Concepto Rosacruz del Cosmos, sino a
todos los seres humanos que han pasado más allá del velo. Sin embargo, aparte de eso, el libro
está lleno de experiencias que han sido duplicadas por el que escribe miles de veces. Podemos
tomar unos pocos ejemplos del resumen de este libro dados en The Occult Review (La Revista
Oculta), para mostrar la similitud de las experiencias de esta dama con nuestras enseñanzas,
tal como son expuestas en la literatura Rosacruz.
Cuando ella tenía alrededor de dieciocho años de edad, una muchacha amiga suya llamada
Maggie enfermó gravemente de un modo súbito y murió en sus brazos. Inmediatamente después
de que su corazón había cesado de latir, dice ella: "Yo vi distintamente ascender de su
cuerpo algo con la apariencia de humo o vapor, tal como el que despide una olla con agua hirviendo.
La emanación se elevó sólo a poca altura y allí se transformó en una forma parecida a
la de mi amiga que acababa de morir. Esta forma, indefinida al principio, gradualmente cambió
hasta que tomó forma definida y se veía vestida con una especie de túnica de color blanco
aperlado, como si fuera una nube, debajo de la cual los contornos de la figura eran claramente
visibles. La cara era la de mi amiga, pero glorificada, sin huellas del espasmo doloroso que la
había dominado momentos antes de su muerte
Esto es exactamente lo que hemos enseñado: en el momento de la muerte, cuando se ha roto
el cordón plateado en el corazón, el cuerpo vital sale a través de las suturas del cráneo y queda
suspendido a pocos pies por encima del cuerpo. Escribiendo sobre el tema de las últimas horas
de los pacientes que cuidó, enfatiza el hecho de que a menudo, a despecho de la condición
física o mental del moribundo, precisamente antes del fin, el agonizante parecía reconocer a
alguien que no era de ellos junto al lecho, y a quien no veían los demás.
"He visto", dice, "una mujer que había estado en estado comatoso durante horas, abrir
súbitamente sus ojos con una mirada de alegre sorpresa, extender sus manos como si quisiese
estrechar manos invisibles extendidas hacia ella, y luego, con lo que parecía un suspiro de
alivio, expirar. He visto un hombre que había estado retorciéndose de dolor, calmarse de repente,
dirigir sus ojos con una expresión de gozoso reconocimiento o algo o alguien que para
los que lo observaron era Sólo vacío, y, pronunciando un nombre en tono de saludo exhalar su
último aliento".
"Recuerdo la muerte de una mujer que era víctima de esa terrible enfermedad, el cáncer
maligno. Sus sufrimientos eran torturantes y oraba pidiendo sinceramente que la muerte le viniese
pronto. En su agonía súbitamente su sufrimiento pareció cesar, la expresión de la cara,
que momentos antes había estado contraída por el dolor, adquirió una expresión de radiante
gozo. Incorporándose con su alegre destello en sus ojos, elevó sus manos y exclamó: ¡ Oh,
madre querida, has venido para llevarme al hogar. Estoy tan contenta!, y en el siguiente
momento su vida física había cesado.
"Al principio la autora no podía ver estos seres invisibles por sí misma, pero gradualmente
desarrolló la visión espiritual, de suerte que ella veía realmente a los que llegaban a recibir al
moribundo en los reinos de la vida del Espíritu y darles la bienvenida en otro estado de
experiencia.
"La primera vez que recibí la prueba ocular", dice, "fue en la muerte de L., una dulce
muchacha de diecisiete años, que fue mi amiga íntima. Era víctima de la tisis. No sufrió
ningún dolor, pero el cansancio que resulta de la extrema debilidad pesaba demasiado sobre
ella, y anhelaba descanso".
Poco tiempo antes de que expirase, me hice consciente de que dos Espíritus estaban de pie
junto al lecho, uno a cada lado. No me di cuenta cuando entraron al aposento, pero cuando por
primera vez se me hicieron visibles pude verlos tan distintamente como a cualquiera de los
ocupantes humanos del aposento. En mi propio corazón, yo siempre he llamado Ángeles a
estos brillantes seres del otro mundo, y como a tales me referiré a ellos de aquí en adelante.
Reconocí sus caras como las de dos muchachas que habían sido las amigas más íntimas de la
que se estaba muriendo. Habían fallecido un año antes y eran entonces de más o menos la
misma edad que ella".
"Un momento antes de que apareciesen, la muchacha moribunda exclamó: Se ha oscurecido
todo de repente, no puedo ver nada; pero ella las reconoció inmediatamente. Una sonrisa
hermosa de ver iluminó su semblante cuando extendió sus manos hacia adelante y en tono de
gozo exclamó: Oh, ustedes han venido a llevarme; me alegro, porque estoy muy cansada.
"Los dos ángeles extendieron cada uno una mano, estrechando respectivamente uno la mano
derecha de la muchacha agonizante, el otro la izquierda. Sus caras se iluminaron por una
sonrisa aún más radiantemente bella que la de la cara de la muchacha que pronto iba a
encontrar el descanso por el cual suspiraba. Ella no habló más pero casi durante un minuto sus
manos permanecieron extendidas, estrechadas por las manos de los ángeles, y continuaba
mirándolos con la alegría en sus ojos y la sonrisa en su cara. Los ángeles parecían aflojar su
apretón de las manos de la muchacha, que cayeron otra vez a la cama. Una señal apareció en
sus labios como la del que se resigna alegremente a un muy necesitado reposo o sueño, y al
momento siguiente ella era lo que el mundo llama un muerto. Esa bella sonrisa con la cual ella
reconoció a los ángeles estaba todavía estampada en sus facciones.
Notará usted que en el último ejemplo la muchacha moribunda habla de que la habitación se
estaba oscureciendo, éste y otros muchos hechos son enseñados en el Concepto Rosacruz del
Cosmos y en otros libros nuestros, y hasta donde nosotros sabemos, en ninguna otra parte ha
sido dada tan completa y definida información concerniente al tránsito del Espíritu de la tierra
de los vivos a la tierra de los muertos que viven.
La autora comenta la actitud materialista de los parientes y amigos ante la presencia de la
muerte, y ella frecuentemente sintió la inutilidad de querer convencerlos de la realidad de lo
que ella misma fue capaz de atestiguar. En el último ejemplo, el padre de la muchacha era un
escéptico completo y se había convencido de que no existe la vida futura. Las últimas palabras
de su hija, la sonrisa que iluminó su faz cuando reconoció a sus amigas que habían venido a
llevarse su Espíritu, las consideraba como evidencias de una imaginación desordenada. Sin
embargo, no siempre fue así. En el caso de un paciente que estaba muriendo de pulmonía, su
mujer estaba sentada al lado de su cama, y él llamó su atención hacia el niñito de ellos que
había muerto a la edad de cinco o seis años, quien estaba esperándole. "Mírale, cómo sonríe y
me da sus manos", exclamó él, "¿No puedes verle?" Aunque no le pudo ver como su marido,
ella después dijo lo siguiente: Estoy muy contenta de que él viese a B. antes de morir. Ahora
podré recordarlos siempre juntos y felices, y cuando yo misma sea llamada, sé que los dos
vendrán por mí".
Finalmente, nuestra enfermera del hospital renunció al trabajo y se dedicó a la práctica
privada. En una ocasión acompañó a una amiga a la casa de una señora que había estado
inválida por muchos años y necesitaba una enfermera. Era su amiga, sin embargo, quien
estaba haciendo de enfermera. Cuando la conocí mi corazón al momento latió por ella, dice la
autora, porque en un momento me fueron reveladas la profundidad y la ternura de su alma
santa. Cómo, no lo sé. No puedo explicarlo. Esta mujer, me dije a mí misma, es la amiga que
he estado buscando por tanto tiempo, y concebí la gran esperanza de que yo pudiese obtener
su amistad.
La aspiración no se realizó en este mundo, sin embargo, pero estaba destinada a recibir
satisfacción por medio de una de esas extrañas amistades en las cuales una de las dos personas
está de este lado del velo, y la otra del otro. "Con el curso del tiempo", escribe, mucho tiempo
después de su muerte, ella llegó a ser mi amiga más íntimamente que ninguna amiga que yo
tuviese en esta vida. Cuando ella aparecía ante mí no era para desvanecerse casi
inmediatamente, sino para estar conmigo y conversar llana y naturalmente como pudo haberlo
hecho cualquier ser humano. Cuando ella estaba conmigo, yo podía verla tan claramente como
a cualquiera de los objetos diarios de la vida, y me reveló una individualidad exactamente tan
pronunciada como la de cualquiera persona dueña de fuertes características que todavía
viviese sobre esta tierra.
Por medio de esta señora, a quien con el tiempo llegó a considerar como un ángel guardián,
fue puesta en trance para visitar muchos lugares y personas del otro mundo, y en particular
describe sus visitas a lo que ella llama el huerto celestial y la cámara de descanso de su amiga
allá en ese mundo, donde ella iba a descansar y meditar. Podemos considerar estas descripciones
como simbólicas, pero la experiencia no es ninguna experiencia menor, ni la
sensación ninguna sensación menor, aunque así las describamos. El simbolismo es de hecho
en muchos casos el medio por el cual ciertas emociones son interpretadas por nuestra
conciencia, la cual sería incapaz de comprenderlas en ninguna otra forma.
"Mi Ángel Guardián", escribe nuestra autora, "me condujo a través de una de las entradas y
me hallé en una espaciosa cámara tenuemente iluminada en la cual los varios tonos de color
estaban mezclados con tal perfección de armonía que me impresionó en forma de una bella y
dulce música hecha visible. Las paredes estaban cubiertas de colgaduras con apariencia de
nubes, en las cuales los verdes, rosados; carmines y dorados, se combinaban tan artísticamente
que no había allí una nota discordante de color, pero las colgaduras no eran semejantes a ninguna
de las telas de la tierra. Eran claramente visibles para mí, pero no ofrecían resistencia a
mi tacto. Era como si atravesase mi mano por entre una nube. En la cámara había varios
lechos que mostraban la misma dulce armonía de colorido. Muchas plantas y hermosas flores
estaban distribuidas por el lugar. Esta, dijo mi ángel guardián, es mi cámara de descanso,
donde vengo a descansar y meditar, y usted vendrá a menudo aquí a descansar conmigo.
Esta región, la Tierra de Veraneo de los Espíritus, con sus casas y flores, su huerto de
descanso, también ha sido descripta en el Concepto Rosacruz del Cosmos y en otros libros.
Así es que en todo hay un perfecto acuerdo entre esta autora y el que esto escribe con relación
a los hechos y observaciones concernientes a la muerte y los Mundos invisibles.
A continuación se nos dice que ella fue llevada de allí a visitar los millones de trabajadores de
alguna ciudad de la tierra, cuyos sufrimientos los moradores del jardín celeste iban a aliviar.
Aquí visitó ella una factoría y observó que ella y sus compañeros pasaban a través de las
paredes y de los tabiques al ir de un departamento a otro del enorme edificio, no ofreciendo la
menor resistencia a sus cuerpos ni los muros de ladrillo ni las plataformas de acero. "A
menudo acostumbraba a preguntarme", observa, cómo entraban los Espíritus a las casas y
habitaciones cuyas puertas no estaban abiertas, y cómo salían de ellas si todas las salidas
estaban cerradas. Ahora ella parecía comprender que lo que para nosotros, los de la tierra, son
muros sólidos, parecen, cuando alguien que viaja en su cuerpo espiritual se acerca a ellos,
como si estuviesen compuestos de algo parecido a niebla, y para el paso del Espíritu a través
de ellos presentan tan poca dificultad como la niebla para el paso del cuerpo físico. Muchas
cosas, observa, que son misterios insolubles para la humana comprensión, aparecen tan
pequeños para las facultades espirituales como nos parecen aquí las cosas y experiencias
comunes de la vida diaria. Encontrar detenida aquí en este mundo la marcha de uno por un
muro de ladrillos no ocasiona sorpresa, y similarmente, no causa sorpresa a alguien que viaje
en su cuerpo espiritual, encontrar que el muro de ladrillos no presenta ningún impedimento.
Aquí llegamos al problema de la cuarta dimensión, que desconcierta a muchos de este mundo
y sobre el cual, este curioso relato, que en parte suena a fantasía de cuento de hadas, arroja
alguna extraordinaria luz. Esto también ha sido explicado en muchos lugares de la literatura
Rosacruz.
Otro incidente de un carácter algo parecido por la luz que arroja sobre este extraño misterio de
los planos que se interpenetran, se da al final de esta narración. En una de sus visitas a las
regiones celestes, nuestra autora conoce a un hombre a quien llama "el mentor". El mentor le
dio un bouquet de flores que ella deseaba traer consigo a la tierra. Cuando yo volví a mi casa
en mi cuerpo espiritual, dice yo las coloqué en un florero, pero cuando a la mañana siguiente,
ya en mi cuerpo físico, fui a mirarlas, descubrí que aunque pude verlas tan claramente como
cuando el mentor me las había dado, y pude todavía aspirar la exquisita fragancia, no eran
palpables a mi tacto. Mis manos pasaron a través de ellas como a través de un rayo de luz, y
no obstante eso no se quebraron, y ni siquiera un pétalo se desarregló. Salvo yo misma, ningún
miembro de mi casa podía verlas u olerlas. Los ángeles, agrega, y aquí hay un punto muy
curioso, "que me visitan en mi casa, pueden manipularías como lo hacemos nosotros con las
flores terrestres, pero a éstas últimas, de las cuales siempre tengo algunas en casa, no las
pueden tocar. Ellos las ven exactamente como yo las veo, pero ellas no ofrecen resistencia a
su tacto. Ella pregunta en medio de su perplejidad, ¿"cuál es el mundo de la realidad sólida, y
cuál el de las apariciones intangibles, nuestro mundo o el mundo espiritual?
Estos puntos también han sido incluidos en la literatura Rosacruz, y nosotros remitimos a
nuestros lectores a la anécdota titulada "De frente al escuadrón de fusilamiento", que apareció
en el número de Noviembre de 1917 de la revista Rays From the Rosse Cross (Rayos de la
Rosa Cruz) y de una descripción de las últimas horas de un espía, cómo recibe la muerte y
después del tránsito visita a una hermana. Durante el viaje hacia la casa de su hermana, a
miles de millas del sitio donde encontró su muerte, le desconcertó que el aire parecía estar
poblado de formas espirituales flotando del mismo modo que él y el Rosacruz que le
acompañó. Al principio trató de evitarlas, pero encontró que era imposible. Se defendía de
ellas para evitar un golpe, cuando para su sorpresa encontró que esta gente pasaba flotando a
través de él y de su compañero como si ellos no tuviesen existencia. Esto de momento le llenó
de consternación y desconcierto hasta que el Rosacruz, observando su dilema, animosamente,
le instó a no preocuparse. Tal era la costumbre en la tierra de los muertos que viven, porque
allí todas las formas son tan plásticas que fácilmente se ínter penetran con otras a veces, y en
ello no existe ningún peligro de perder la propia identidad.
Llegado que hubieron a la casa de su hermana, la encontraron sentada en una confortable sala,
y el espía impulsivamente se dirigió hacia ella y la abrazó, sólo para encontrar que, para su
consternación, ella parecía no darse cuenta, absolutamente, de su presencia, y que sus manos,
en lugar de asirla, pasaban a través de su forma. De nuevo volvió sus ojos al Rosacruz y le
preguntó qué debía hacer para hacerse sentir, porque esta impalpabilidad de un así llamado
cuerpo sólido de nuevo le desconcertaba. Le fueron dadas entonces las instrucciones y el
método usado por los muertos que viven para atraer la atención de los que están en el mundo
físico.
Así es que hay mil y un punto de concordancia entre mucha gente que puede funcionar tanto
en el mundo visible como en el invisible. Mas aún, esta guerra está aumentando grandemente
el número de los que pueden llevar a cabo este acto, y por fin todos seremos capaces de
hacerlo así, desde el más pequeño hasta el más grande. Será tan normal como la facultad de
ver u oír. Así pues, gradualmente nos estamos familiarizando más y más con los mundos
invisibles y los puntos de concordancia ya sobrepasan con exceso a los puntos de divergencia.
Por consiguiente no debe haber dificultad para aceptar, por esa razón, los relatos acerca de lo
invisible.

***

del libro "Filosofía Rosacruz en Preguntas y Preguntas" Tomo Segundo, de Max Heindel

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