jueves, 1 de abril de 2010

PREGUNTA Nro. 154 SEMBRAR SIN COSECHAR

PREGUNTA Nro. 154

SEMBRAR SIN COSECHAR

En la primera conferencia pronunciada por Max Heindel él dice algo acerca de tener
compromisos con nuestro destino y poder cancelarlos bajo ciertas circunstancias. Ahora, lo
que yo deseo saber es esto: ¿Cuáles son esas ciertas circunstancias? Yo comprendo que ahora
puedo construir para el futuro y que puedo controlar las cosas que tienen lugar dentro de mi
conciencia según la cantidad de voluntad que tenga y el deseo detrás de esa voluntad de tratar
de hacer lo recto. ¿Pero qué hay acerca de los esfuerzos en el sentido de la influencia inmoral?
¿Qué pasa si uno prosigue la vida de la persona ordinaria y yerra por caminos de maldad? ¿No
está poniendo en acción algo de lo que es imposible escapar? ¿O puede, esforzándose por
vencer la naturaleza inferior, y construyendo un mejor carácter escapar a las consecuencias de
sus propios errores? Esta es una cuestión acerca de la cual una amiga y yo hemos tenido
muchas discusiones. Ella se aferra a la idea de que si vemos que nos va a venir un accidente o
adversidad de cualquier clase, podemos evitarlo alejándonos del sitio donde es probable que
suceda, pero no me parece probable que podarnos escapar al pasado. Si pudiésemos, no
construiríamos el carácter huyendo de algo. Por supuesto, esto es más o menos un punto de
vista fatalista del asunto, pues yo creo que debo tomar mi medicina como hombre. Aunque yo
doy coces contra el aguijón, al mismo tiempo me siento disgustado de ser tan débil.


Respuesta: Hay un punto importante en el problema que parece usted olvida tomar en
consideración, aunque ha sido amplia y enfáticamente afirmado en nuestra literatura. "Todas
las leyes de la naturaleza, incluyendo la ley de consecuencia en su aplicación a la vida
humana, están bajo la administración de grandes Seres de sublime espiritualidad y sabiduría
superlativa." Esta ley no actúa ciegamente bajo el principio de ojo por ojo y diente por diente,
sino que estos grandes Seres y sus agentes administran todas las cosas con una sabiduría que
está más allá de la comprensión de las mentes finitas. Ha sido hallado, sin embargo, que donde
existe un deseo o tendencia o posibilidad de huir de una cosecha de sufrimiento que viene por
causa de cierto destino maduro, tales planes son siempre frustrados mediante otro movimiento
de parte de los administradores invisibles de esta ley.
Si usted lee de nuevo el caso citado en el Concepto Rosacruz del Cosmos de un cierto
conferenciante que fue advertido por Max Heindel que si salía fuera de casa en cierto día
experimentaría un accidente en ciertas partes de su cuerpo, y cómo lo olvidó y pensó que el
día 28 era el 29, salió en viaje hacia otra ciudad para dar conferencias y fue lesionado, como se
le predijo, en un choque de trenes. Este caso tal vez ilustre nuestros puntos. El hombre había
sido advertido con anticipación, creyó en la advertencia e intentó evitar el accidente, pero indudablemente
el sufrimiento que ese accidente le tenía reservado lo debía en expiación de
ciertas transgresiones. Por consiguiente los agentes de la ley de causación le hicieron olvidar
el día del mes.
Este principio también trabaja en otra forma. Usted parece creer que no hay forma de escapar
de la cosecha del pasado, pero sí la hay. También nosotros hemos repetido enfáticamente el
hecho de que Dios, o la Naturaleza, o los agentes de esta gran ley, no tratan de "vengarse" de
nosotros. Estamos aquí en esta gran escuela de la vida salvaguardados por estas leyes de la
naturaleza. Son hechas para nuestro beneficio y no para nuestro mal, aunque en cierta forma
nos limitan, así como nosotros limitamos las libertades de nuestros hijos pequeños con el
propósito de guardarlos contra los peligros de la indiscreción. Cuando por nuestras pasadas
acciones hemos acumulado una cierta cantidad de retribución para nosotros, la cual debe
pagarse en algún tiempo futuro, y luego vemos nuestro error, nos reformamos y vivimos en
armonía con la ley que habíamos previamente quebrantado, entonces por medio de esa acción
borramos el registro de nuestros pecados. Los agentes de la gran ley, viendo que hemos cesado
de transgredirla en ese particular aspecto, no nos hacen sufrir gratuitamente. Conserve este
hecho en su mente: todas las leyes de la naturaleza están bajo una administración similar,
divina e inteligente, porque ésa es la diferencia entre los puntos de vista fatalista y espiritual.
La mano de Dios, a través de Sus agentes, está dondequiera, desde las cosas más grandes, tales
como el viaje de un planeta en su órbita, hasta los más triviales detalles, como la caída de un
gorrión. Es un hecho positivo que en Dios vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Estamos a Su amoroso cuidado en todas las cosas y por lo tanto nada puede sucedernos que no
esté en armonía con Su grande y divino plan. ¡Ese plan ciertamente no puede ser fatalista!

***

del libro "Preguntas y Respuestas" Tomo Segundo, de Max Heindel

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